Cuando la actividad emprendedora es puro compromiso social

Miriam Reyes cautivó con un proyecto que le llevó a aparcar su profesión de arquitecta para centrarse en los niños con autismo

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EL PUERTO.- “Una organización muy pequeñita con una misión muy grande”, de esta forma definía Miriam Reyes Oliva a ‘Aprendices visuales’, un proyecto que nació de ese compromiso que muchas mujeres y hombres imparables abanderan a lo largo de sus vidas en busca de un mundo mejor.

Una experiencia inspiradora que tuvimos la suerte de conocer más en profundidad en este I Encuentro andaluz Mujer Empresaria/Mujer Imparable de la mano de esa joven emprendedora que renunció a la estabilidad que a sus 23 años le proporcionaba un estudio de arquitectura en Suiza (uno de los más grandes del mundo) para, junto a Amélie Jézabel Mariage, embarcarse en un proyecto que tuvo como máxima inspiración al primo de Miriam, José, diagnosticado de autismo.

El principio, “diseñar un punto en el que los niños con autismo pudiesen desarrollar su potencial”. Una aventura a la que se lanzó convencida de que “tenía hacer algo más para que el mundo fuese un lugar mejor”.

“Se trataba de aplicar mis conocimientos en otro campo y tras varias reuniones con psicólogos nos dijeron que los niños con autismo eran aprendices visuales, que necesitaban pictogramas para aprender”.

Un principio que dio origen al primero de los cuentos de Aprendices Visuales, ‘El calzoncillo de José’, “para que aprendieran a ir solos al baño”. Un soporte que resultó un éxito y que, tras colgarlo en un blog, recibió el agradecimiento de “familias y profesionales de todos los rincones del mundo, lo que nos convenció para embarcarnos de lleno en un tema que es un reto a nivel mundial y complejo. El resultado, ‘Aprendices Visuales”.

‘El calzoncillo de José’ dio paso a dos líneas de publicaciones, una, la colección Aprende, “dedicada a los más pequeños, y, otra, la colección Disfruta, más enfocada al entretenimiento”, ambas dirigidas a pequeños entre 0 y 6 años, “ya que es en esa etapa cuando el cerebro es más flexible”.

Pero, en su afán de llegar a todos los niños con autismo (64 millones en el mundo) y sus familias de forma gratuita, Aprendices visuales fue más allá y utilizó la tecnología “para crear cuentos digitales y aplicaciones interactivas” a través de www.aprendicesvisuales.org.

El año pasado, Aprendices visuales abordó el reto de la internacionalización, ofreciendo sus herramientas en 4 idiomas (inglés, francés, portugués y español), alcanzando a día de hoy 800.000 descargas de una plataforma inclusiva a colectivos de niños como los prelectores.

Un proyecto que no se ha quedado ahí, desarrollando herramientas para las familias (academia online), las asociaciones (salas multifuncionales), los profesionales y la sensibilización social (galerías de arte y exposiciones itinerantes). Una aventura, apasionante, que “no va a parar”.

Veinte herramientas para un sueño que ya es realidad

Desde que Miriam, junto a colectivos, psicólogos y familiares, culminara esa primera herramienta de desarrollo llamada ‘El calzoncillo de José’ (2009), han pasado siete años de intenso trabajo. Un tiempo en el que Aprendices visuales (que se nutre de las aportaciones voluntarias de empresas y ciudadanos) no ha parado de idear y poner en marcha nuevos productos y proyectos de aprendizaje que han traspasado la barrera de los diagnosticados de autismo para llegar a sus familias, los propios colectivos, los profesionales y la propia sociedad.

Así, esta plataforma digital ya cuenta con una veintena de cuentos. “Hemos colaborado con psicólogos y expertos en el sector para abarcar así la amplia casuística existente en el autismo, donde cada niño es único y diferente”.

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