El cáncer de la empresa: la ley del silencio

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Víctor-Pacheco

Víctor pacheco

El Entrenador

Una de las enfermedades más graves que me encuentro en todas las empresas es la ley del silencio. Me refiero a la falta de comunicación entre las personas frente a los problemas. Por ejemplo, todos los días en las empresas surgen diferencias, roces, malentendidos, etc. Lo ideal frente a esas situaciones es que se hablen las cosas cara a cara, con franqueza, con respeto, con las formas adecuadas buscando el entendimiento y una resolución efectiva. La triste realidad es que la respuesta más común suele ser el callarse, mirar para otro lado, hablar en voz baja y a las espaldas echándose la culpa unos a otros.

En consecuencia, la falta de comunicación cara a cara genera desconfianza, la desconfianza conduce a la falta de compañerismo y esto último desencadena desunión y falta de equipo. El resultado es que la empresa, en vez de ser un equipo unido donde todos reman en la misma dirección y con la misma intensidad, me encuentro con que la plantilla está dividida en pequeños grupos, por afinidad, que se hacen la guerra unos a otros. Es como tener enemigos en tu propia casa. No es de extrañar que a la empresa le cueste trabajo sobrevivir.

En mi experiencia profesional, las principales causas de esta falta de comunicación son tres: la falta de inteligencia emocional, la falta de capacidades de comunicación y la cultura española del “chivato”. Me explico, si aplicáramos el sentido común todo el mundo en frío está de acuerdo en que la forma de resolver los conflictos es hablando cara a cara con la persona con la que tienes el problema. El desafío es que en caliente nos dejamos dominar por las emociones como el orgullo (yo tengo la razón), la rabia (es injusto que no respete mi opinión) y el miedo (y si se reacciona negativamente). Es precisamente el miedo el que domina en la mayoría de las situaciones y nos hace callarnos y mirar a otro lado.

La falta de capacidades de comunicación me refiero a que para poder llegar a un entendimiento es necesario el poder dialogar. Dialogar es un tipo de conversación constructiva que exige la capacidad de escuchar con atención e interés de comprensión la opinión del otro, y la capacidad de hablar, expresarse y explicar nuestro punto de vista de forma respetuosa. Evidentemente las anteriores son habilidades complejas y que tristemente no se enseñan ni en el colegio, ni en el instituto, ni en la universidad, de aquí que todos presentemos tantas carencias en estos aspectos.

Por último está la cultura del chivato. Esta palabra tiene una connotación negativa equivalente a ser delator, acusador, soplón. Este significado se traduce en la práctica en que cuando uno observa a otro compañero actuando de forma negligente o tóxica, para no ser chivato, se calla y mira para otro lado, sin darse cuenta que ese comportamiento de dejadez o pasotismo es igual de malo, lo convierte en cómplice del primero y permite que el problema persista. Lo ideal en esa situación es acercarse a hablar al compañero con el ánimo de ayudarle, eso es ser proactivo, valiente, inteligente, pero igualmente requiere de inteligencia emocional y capacidades de comunicación.

Para solucionar esta enfermedad en la empresa empleamos varias herramientas. Desde formación en resolución de conflictos hasta reuniones mensuales de empresa donde se fomenta la educación continua.

Los cambios no suceden de la noche a la mañana pero tenemos resultados muy bonitos como que después de una década la plantilla por iniciativa propia decida retomar las comidas de navidad costeadas por ellos mismos.

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