El faro de Chipiona

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Eduardo Otaolaurruchi
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Eduardo Otaolaurruchi

El artículo anterior fue dedicado al faro más antiguo del mundo que se encontraba en Alejandría a la entrada del río Nilo. Pues bien, hoy hablaremos del que estaba a la entrada del Guadalquivir, el más antiguo de la Península Ibérica.

Por estas tierras pasaron las civilizaciones más antiguas del mundo: tartésicos, fenicios, griegos, romanos, celtas y árabes. Los fenicios llegaron hasta aquí buscando la civilización de Tartesia del bajo Guadalquivir, pueblo tranquilo y sedentario que se dedicaba a la agricultura y a la minería. El cobre de Tartesia se conocía 800 años antes de nuestra era. Más tarde se divulgó entre los griegos y luego entre los romanos y también los árabes. Todos llegaban a estas tierras por los minerales y para intercambiar sus productos y sus conocimientos.

Era tal el tráfico de embarcaciones que había en aquella época y las dificultades que tenía la entrada del río que Estrabón, astrónomo, geógrafo y cartógrafo en el año 29 antes de Cristo, escribió 17 volúmenes sobre geografía del mundo conocido y en el tomo dedicado a la Península Ibérica describe una torre que posiblemente fuera el primer faro de la costa de Cádiz para dar entrada a la complicada broa del río Guadalquivir que se abre camino entre el bajo de Juan Pul y Salmedina, frente a Chipiona.

Parece ser que esta torre fue construida en el año 140 antes de Cristo y como el de Alejandría estaba iluminado por hogueras sobre lo más alto de ella. Este faro fue construido por un cónsul romano llamado Quinto Servilius Caepión y puede considerarse como el primer faro de la Ibérica, al que llamaron Kaipionus Pyrgus. El faro, se hizo muy popular entre los navegantes y le llamaban Turris Caepionis, gracias a él, se podía encontrar la entrada del Río Betis y evitar los escollos y la piedra de Salmedina, donde se han hundido miles de barcos a lo largo de la historia de la navegación.

Otros historiadores de la época romana como Pomponio Mela, que nació en el siglo I después de Cristo, escribió tres volúmenes sobre geografía; en el tercero, que data de la década de los cuarenta de ese siglo, habla de la Hispania y, concretamente, lo cita y describe a la entrada del río Betis, dándole el nombre de Monumentum Caepionis.

De todos estos nombre ha salido el nombre de esa ciudad tan bonita, que se encuentra enclavada como fiel cancerbera a la entrada del río Guadalquivir, llamada Chipiona, al noroeste de la provincia de Cádiz a los 36º44’55’’ de longitud Norte y 6º26’25’’de latitud oeste.

Algunos historiadores modernos tienen dudas si este faro ‘Turris Caepionis’ fuera el mismo que describió también Estrabón, situado en la isla que formaba el delta del río cuando tenía dos brazos al mar y que figura en el escudo de Sanlúcar.

Personalmente, yo creo que nada tiene que ver el uno con el otro, ya que el de la isla era un templo que estaba dedicado al planeta Venus. Venus vespertina y Venus matutina; y la luz que brilla sobre su torre almenada es la propia luz del planeta. Es la primera luz de la noche, que brilla como una estrella, y la última que se pierde al llegar el día.

El Turris Caepionis era un autentico faro con luz producida por hogueras encendidas encima de su torre para prevenir los naufragios e indicar la entrada del río, como ya he explicado anteriormente. Tampoco nada tienen que ver, ni en estructura ni ubicación, ninguno de los dos con el actual faro de Chipiona, descrito con detalles en el artículo anterior.

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