El último día de tu vida

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foto_victor_pachecoEl entrenador

Víctor PachecoCoach

Este mes de abril de 2014 sin duda ha supuesto un punto de inflexión en mi vida. He estado muy cerca de perder a mi padre, que sufrió un síncope (desmayo) al salir de un edificio y al caer desplomado se golpeó duramente la nuca contra un arriate, produciéndose una brecha de 6 centímetros por donde empezó a desangrarse rápidamente. Según me contó una testigo, si no hubiese sido por una persona que se acercó al minuto y le practicó un masaje de reanimación, esta historia sería totalmente distinta.

Después de pasar por la UCI le pusieron un marcapasos porque en la ambulancia ya se dieron cuenta de los problemas de corazón de mi padre, un corazón cansado de tanto trabajar y tragar sufrimiento. Uno de los médicos que lo operaron, le comentó de la suerte que había tenido, no por la reanimación que le hicieron en el acto, que también, sino porque si aquello le hubiese pasado mientras conducía no se sabría qué podría haber pasado. Sin duda ha sido un renacer para mi padre, que ahora tiene una segunda oportunidad para vivir. La pena es que no nos damos cuenta de lo afortunados que somos de vivir hasta que estamos a punto de perder la vida.

Este suceso me ha marcado profundamente y quería aprovechar estas líneas para compartir mi aprendizaje con vosotros, por si os puede servir a vosotros también. Mientras conducía al hospital, se me vino a la cabeza una conversación que tuve con un cliente dos días antes. Le preguntaba cómo vivía su vida, dónde estaba y dónde quería estar. Aplicamos una herramienta para optimizar su gestión del tiempo, descubriendo que su vida era una secuencia de hábitos que repetía día tras día, guiada por la inercia de los fuegos diarios a los que se sentía atados. Allí mismo se dio cuenta de que si continuaba así, viviría 40 años más, pero en realidad era el mismo día repetido 40 años, algo que resultaba aterrador.

Sin darnos cuenta actuamos guiados por el ego, persiguiendo éxitos profesionales para tener un estilo de vida que ni siquiera hemos elegido nosotros, sino que nos lo han vendido para que consumamos más. En todo este correr nos olvidamos de lo más importante, de lo afortunados que somos solo por estar vivos y que cada día es un regalo. Ahora entiendo la pregunta de Steve Jobs al levantarse cada mañana: “Si hoy fuera el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que estoy a punto de hacer hoy?”

 

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