La vida a pesar de la verja

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Miles de personas hacen cola para salir del Peñón, en una fotografía reciente. Foto: Infogibraltar/Marcos Moreno
Miles de personas hacen cola para salir del Peñón, en una fotografía reciente. Foto: Infogibraltar/Marcos Moreno
Miles de personas hacen cola para salir del Peñón, en una fotografía reciente. Foto: Infogibraltar/Marcos Moreno
Miles de personas hacen cola para salir del Peñón, en una fotografía reciente. Foto: Infogibraltar/Marcos Moreno

María Jesús Corrales

La vida a ambos lados de la Verja entre Gibraltar y La Línea se ha vuelto más dura desde agosto. Las colas de vehículos y peatones para salir del Peñón suponen horas de espera de ciudadanos. Unas 7.000 personas aguantan estoicamente la interminable vuelta a casa después de su jornada laboral; las pequeñas empresas han perdido ya un 35 por ciento de su negocio y las visitas a Gibraltar se han reducido en un 40 por ciento desde que comenzaron las restricciones. Los operadores turísticos de la Costa del Sol también se empiezan a ver afectados al suspenderse las visitas de un día al Peñón.

Las miles de quejas de los ciudadanos, la cobertura mediática y las protestas de colectivos han llegado hasta la Comisión Europea (CE), ante la ineficacia de la diplomacia entre Madrid y Londres para resolver la creciente tensión. La visita de una delegación de la CE a la Verja el 25 de septiembre de 2013 acabó con sendas recomendaciones a España, el Reino Unido y Gibraltar para reformar las instalaciones; dotar a la Verja de los medios técnicos y humanos necesarios; fomentar la colaboración policial y más eficacia contra el tráfico de tabaco.

La CE estudia las reformas propuestas por España, que apenas han comenzado. Según la información a la que ha tenido acceso este medio, el Gobierno español prevé cerrar el perímetro fronterizo y cumplir con las recomendaciones de la CE. Gibraltar, por su parte, ya ha iniciado la obra en su parte de la Verja, que contará con carriles rojos y verdes; control por escáneres y tecnología de última generación para reducir el paso de tráficos ilícitos.

Pero en la calle la pregunta es cuándo se rebajará la presión. El lobby constituido en el Grupo Transfronterizo -formado por empresas y sindicatos de Gibraltar y el Campo- es de la opinión de que “las medidas de las autoridades españolas se han diseñado con el motivo real de intentar destruir la cultura socioeconómica transfronteriza de tres décadas”, según un informe reciente del colectivo. Los “daños” de estas medidas, dice este lobby, “son duraderos y tendrán que pasar muchos años para que cicatricen”.

Ciudadanos de ambos lados, bajo la plataforma ‘Por una frontera humanitaria’, también han recabado centenares de testimonios de afectados “niños, enfermos y trabajadores” por las colas y protagonizan numerosas protestas para sensibilizar a instituciones y gobiernos, con el fin de acabar con las esperas.

El Grupo Transfronterizo exige la presencia de un observador internacional para garantizar la aletoriedad de los controles y la libertad de circulación de los ciudadanos. Ese derecho supone una posibilidad de trabajo para los entre 7.000 y 10.000 empleados en Gibraltar y residentes en España, la mayoría en La Línea.

Con un 45 por ciento de su fuerza laboral de transfronterizos, Gibraltar tiene una de la tasas más alta de estos empleados de Europa por su flexibilidad laboral y su economía dinámica, basada en servicios sin fabricación, que aportan las ciudades vecinas. Los gibraltareños también consumen históricamente en La Línea, el Campo de Gibraltar y la Costa del Sol, impulsando sus economías y creando empleo, pero ahora un 56 por ciento menos de vehículos con matrícula ‘G’ sale del Peñón por las colas.

Los afectados valoran los controles como la causa del “efecto adverso sobre los intercambios transfronterizos y, por tanto, del crecimiento económico, el empleo y la vida de las personas”. El Grupo Transfronterizo trabaja en un estudio más detallado para “evaluar el impacto de los controles en las empresas más lejanas”, como restaurantes, tiendas o servicios turísticos en la Costa del Sol.

La alcaldesa linense, Gemma Araujo, reclama un trato justo con La Línea y que no se convierta a las personas que cruzan la Verja en rehenes de la política de Estado. El ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, reveló a la Comisión del Foreign Office reunida por primera vez en su historia en Gibraltar este mes que el tiempo medio de espera para salir del Peñón es de 90 minutos y ha aumentado sensiblemente en los últimos meses. Incluso el observador de la OSCE, Ignacio Sánchez Amor, pidió en su reciente visita a la Verja que la política no afecte a las miles de personas que están sufriendo la presión y “tenga en cuenta la dimensión humana”.

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