Predispuesto al éxito

Raquel Franco

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Raquel Franco

Abogada y Mediadora

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A veces me he preguntado de qué depende realmente el éxito de una persona. ¿Depende pura y simplemente de su genética?, ¿Del ambiente en qué ha aprendido a desenvolverse?, ¿De su formación?

Y, ¿En qué medida influyen unos y otros aspectos? ¿Por qué hay personas que teniendo todo lo “necesario” para ser exitosos en la vida finalmente no consiguen destacar?

Hay muchos estudios e investigadores que han trabajado durante años para analizar los aspectos determinantes del éxito o fracaso de una persona en su vida adulta.

Uno de ellos es el “Proyecto Dunedin” llevado a cabo desde 1972 en Nueva Zelanda. La facultad de medicina decidió hacer un seguimiento a todos los niños nacidos en esta localidad en ese año. Durante cuarenta años, los científicos que participaron en este proyecto estudiaron el historial médico de los pacientes, sus relaciones, sus éxitos, sus fracasos y sus genes.

Uno de los aspectos más importantes que se destaca en el estudio Dunedin es el “Autocontrol”. Así, se afirma que la capacidad de autocontrol en un niño es mucho más determinante para su éxito futuro que su coeficiente intelectual.

“Las malas personas nunca pueden ser profesionales excelentes. No llegan a serlo nunca. Tal vez tengan pericia técnica, pero no son excelentes.”

Todos los niños analizados desde los tres años de edad que tenían poca capacidad de autocontrol, de adultos no fueron capaces de ser exitosos, de hecho, en la mayoría de los casos resultaron tener vidas muy complicadas y con multitud de fracasos a sus espaldas.

Un líder empresarial no tiene por qué tener un coeficiente intelectual por encima de la media, es más importante tener la capacidad para autocontrolar sus emociones, sacrificarse y relativizar los problemas.

El autor estadounidense, David Pollay en su libro Reciclaje Emocional, recoge tres claves básicas. En primer lugar, es necesario que tengamos más sentimientos positivos, también debemos utilizar nuestros talentos innatos y, finalmente, necesitamos centrarnos en nuestros objetivos laborales.

Con todo esto podemos decir que la mayoría de los empresarios de éxito tienen dos aspectos en común: La capacidad de autocontrol y una visión positiva de la vida que hace que puedan conseguir su éxito y ser felices de una forma controlada y relativa.

Sin embargo hay algo más que resulta imprescindible para ser excelente, tal y como afirma el neurocientífico y psicólogo de Harvard, Howard Gardner, “Las malas personas nunca pueden ser profesionales excelentes. No llegan a serlo nunca. Tal vez tengan pericia técnica, pero no son excelentes.”

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